EÒLIA, en el terreno de la interpretación, Se ha alimentado desde siempre de su contacto directo con el mundo profesional. Actores, actrices, dramaturgos y directores profesionales han encontrado y encuentran día a día en sus aulas un espacio para el crecimiento y la exploración de nuevos conceptos. Ya sea como profesores, o como estudiantes.

EÒLIA trabaja desde una orientación ecléctica (incluyendo varias técnicas y estilos de trabajo en constante renovación) para ampliar al máximo el registro interpretativo de sus alumnos -aspirants actores o actrius-; dándoles herramientas y ayudándoles a descubrir qué es lo que los hace diferentes y por tanto únicos, como comunicadores y como intérpretes.

Desde el convencimiento de que el trabajo es la clave para estimular el progreso, EÒLIA propone un recorrido pedagógico para formar actores y actrices de manera integral, tanto en el terreno práctico como en el teórico. Aquí puedes encontrar todas las herramientas para desarrollar tus cualidades creativas: mejorar la relación de tu voz con tu cuerpo, potenciar tus herramientas expresivas, desarrollar tu capacidad de tomar decisiones en escena y pasar a formar parte de una plataforma de creación que te pondrá en contacto con otros actores, actrices, directores / as y dramaturgos / as emergentes y / o en formación. El teatro es un trabajo de equipo, y la posibilidad de asociación a menudo es el detonante imprescindible de la propia creatividad.

En definitiva, queremos formar un tipo de actor que se asocie a una estética plural y moderna; un actor con discurso propio; un actor con capacidad de expresar su libertad y su creatividad sin filtros ni complejos; un actor sólido; imprevisible; imaginativo. Queremos formar actores y actrices rigurosos, íntegros e inteligentes, con calidad y disciplina profesional, y con una gran capacidad de riesgo en cuanto a su disponibilidad artística; actores que sean capaces de expresar su creatividad sin parámetros recortados que los mutilen la imaginación y las ganas de ser creativos; actores con una sólida preparación intelectual que les permita imaginar, comprender el mundo que los rodea, estar más abiertos, ser más generosos y, al fin y al cabo, representar y representarse de una manera mejor.

Josep Galindo
Jefe Departamento de Interpretación y codirector de Eolia.

BREVES REFLEXIONES SOBRE LA DIFICULTAD DE INTERPRETAR

El valor de la pedagogía. La pedagogía debe ser "motivación". Del primer al último minuto. Motivación para ponerse a prueba en el trabajo físico y emocional. Motivación para explorar los límites de la propia creatividad. Motivación para profundizar intelectualmente en los contenidos de los universos que se visitan. Motivación para entender el mundo. Motivación para comprender quiénes somos. Un proceso de aprendizaje requiere exigencia y paciencia; persistencia y decisión; crecimiento y maduración.

Un profesor no "enseña" nada, tan sólo propone dinámicas y comparte una experiencia y unos conocimientos profesionales adquiridos y -con suerte- siempre en proceso. Pero sobre todo, es importante para el estudiante entender que "aprender" no es en sí un acto pasivo, sino que requiere de un alto nivel de iniciativa, de autoexigencia y de concentración; una actitud de apertura total, disponibilidad y entrega absoluta.

La originalidad de "la verdad". El intérprete siempre busca "la verdad". Alrededor de una mesa, si hablamos, casi todos coincidiremos en que perseguimos un mismo tipo de verdad en la interpretación. Después, sobre el terreno (en el escenario o en el aula) esta "verdad" coge muchos otros matices. Se abren muchas posibilidades estéticas. Y a menudo descubrimos que afortunadamente (o por desgracia) no todos buscábamos lo mismo.

Esta verdad utópica se basa (en una de sus múltiples visiones) en expresar y desencadenar procesos que transmitan una "energía real". Para tocar aunque sea con la punta de los dedos esta "verdad" es mejor "ser real" que ser un pálido reflejo de lo que entendemos como "vida cotidiana". Esta es una de las pequeñas grandes contradicciones de la visión que a menudo uno tiene el día que decide iniciarse en la formación de ser actor o actriz: ser real (y por tanto "convencer") no necesariamente significa parecerse a la realidad que nos rodea. Sino que a menudo quiere dicho todo lo contrario: "interpretarla". Aportar una visión. Haz una "interpretación".

A través de la comprensión profunda de la realidad el actor toma la decisión personal de cómo expresarla. Como ha hecho Picasso, Beckett, Shakespeare o Sófocles (todos a un tiro de piedra de nuestra historia) así como muchos otros genios, que por ello han encontrado un espacio entre aquellos pocos valientes que llamamos originales. A partir de esta comprensión del hecho escénico y de sus posibilidades, la decisión final de cómo expresar la realidad es personal e intransferible. Es lo que cada uno puede aportar. Es lo que tú puedes aportar al mundo del teatro, mientras el mundo del teatro te aporta el resto de cosas a ti.

La paradoja de ser actor. El oficio de actor o de actriz es uno de los oficios más complejos, por la inevitable imposibilidad intrínseca que el individuo tiene de objetivar el fruto de su trabajo. Un actor o una actriz actúan, y cuando terminan lo que han hecho, "aquello" ya ha pasado. En el mejor de los casos "ello" habrá dejado un registro concreto en los que la observan pero en él tan sólo quedará un sabor, una sensación personal en uno mismo y en la mirada de los demás.

El oficio del actor contiene en su núcleo, de hecho, una paradoja metafísica: él es el artista y el resultado de su arte, él es el músico y al mismo tiempo el instrumento, él es la causa y el efecto de todo lo que "hace" y que "es" en el acto de convencer y de comunicarse con los demás. Y es este aislamiento, esta imposibilidad de observar su propio oficio desde fuera -mientras es sobre el escenario-, en el que radica precisamente esta gran dificultad.

José Galindo (Eolia, 2012)